Ser feminista hoy es una exposición constante a ser violentadas.

Ser feminista en la sociedad actual no es solo una postura ideológica/política, es un factor que (cuando se expresa en voz alta) te marca y se vuelve un riesgo social.

Las mujeres que alzamos la voz por la igualdad, especialmente en espacios públicos como las redes sociales, nos convertimos en el blanco de una violencia sistemática que busca silenciarnos, desacreditarnos y desgastarnos. Ya no podemos hablar de  experiencias individuales ni de que se golpea el “clavo que más sobresale” es un patrón que se repite desde los perfiles con miles de seguidores a las personas mas desconocidas.

Esto nos revela hasta qué punto el feminismo incomoda.

Muchas jóvenes activistas (donde me incluyo) denuncian cómo, por el simple hecho de compartir y comentar contenido sobre derechos humanos y justicia social, reciben diariamente insultos, humillaciones, amenazas de violación, campañas de odio o incluso la suplantación de identidad en sus cuentas, denuncias masivas para que les cierren el perfil, etc.

Este tipo de agresiones no están dirigidas únicamente a la persona, sino a lo que ella representa: una lucha por cuestionar estructuras machistas muy arraigadas.

El mensaje implícito es que quien cuestione el machismo será castigada.

A menudo, la respuesta social a este acoso consigue minimizar la violencia con argumentos como que “es el precio de ser visible” o que “si no gusta, se puede abandonar las redes”. Así, se desplaza la responsabilidad hacia las víctimas, normalizando un entorno hostil en lugar de cuestionar a quienes ejercen la violencia.

Pero este fenómeno, por desgracia, no se limita al ámbito digital. La violencia de género sigue presente en la vida cotidiana: en la calle, en el transporte público, en espacios educativos e instituciones públicas. Diversos estudios internacionales muestran cifras alarmantes de acoso sexual y violencia verbal hacia las mujeres en todo el mundo. Desde comentarios obscenos hasta agresiones más graves, muchas mujeres han aprendido a convivir con estas situaciones como parte de su día a día, frecuentemente sin reaccionar por miedo o por la presión social de restarles importancia.

Ser feminista hoy implica exponerse a esta violencia tan gratuita que busca deslegitimar la lucha y la cultura que permite esta violencia es una construcción social que puede y debe transformarse de forma URGENTE.

Comentarios

Deja un comentario

Descubre más desde Mujeres Vecinales de Elche

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo