Autor: Mujeres Vecinales de Elche

  • Ser feminista hoy es una exposición constante a ser violentadas.

    Ser feminista hoy es una exposición constante a ser violentadas.

    Ser feminista en la sociedad actual no es solo una postura ideológica/política, es un factor que (cuando se expresa en voz alta) te marca y se vuelve un riesgo social.

    Las mujeres que alzamos la voz por la igualdad, especialmente en espacios públicos como las redes sociales, nos convertimos en el blanco de una violencia sistemática que busca silenciarnos, desacreditarnos y desgastarnos. Ya no podemos hablar de  experiencias individuales ni de que se golpea el “clavo que más sobresale” es un patrón que se repite desde los perfiles con miles de seguidores a las personas mas desconocidas.

    Esto nos revela hasta qué punto el feminismo incomoda.

    Muchas jóvenes activistas (donde me incluyo) denuncian cómo, por el simple hecho de compartir y comentar contenido sobre derechos humanos y justicia social, reciben diariamente insultos, humillaciones, amenazas de violación, campañas de odio o incluso la suplantación de identidad en sus cuentas, denuncias masivas para que les cierren el perfil, etc.

    Este tipo de agresiones no están dirigidas únicamente a la persona, sino a lo que ella representa: una lucha por cuestionar estructuras machistas muy arraigadas.

    El mensaje implícito es que quien cuestione el machismo será castigada.

    A menudo, la respuesta social a este acoso consigue minimizar la violencia con argumentos como que “es el precio de ser visible” o que “si no gusta, se puede abandonar las redes”. Así, se desplaza la responsabilidad hacia las víctimas, normalizando un entorno hostil en lugar de cuestionar a quienes ejercen la violencia.

    Pero este fenómeno, por desgracia, no se limita al ámbito digital. La violencia de género sigue presente en la vida cotidiana: en la calle, en el transporte público, en espacios educativos e instituciones públicas. Diversos estudios internacionales muestran cifras alarmantes de acoso sexual y violencia verbal hacia las mujeres en todo el mundo. Desde comentarios obscenos hasta agresiones más graves, muchas mujeres han aprendido a convivir con estas situaciones como parte de su día a día, frecuentemente sin reaccionar por miedo o por la presión social de restarles importancia.

    Ser feminista hoy implica exponerse a esta violencia tan gratuita que busca deslegitimar la lucha y la cultura que permite esta violencia es una construcción social que puede y debe transformarse de forma URGENTE.

  • ¿El amor no tiene edad?

    ¿El amor no tiene edad?

    ¿El amor no tiene edad? Bueno… depende de qué estemos llamando “amor”.

    Como idea romántica funciona de maravilla. Es bonita, universal, casi incuestionable. Ahora bien, cuidado: lo “romántico” no es inocente. Sabemos —y esto daría para otro post entero— que muchos mitos del amor romántico han servido históricamente para justificar desigualdades, dependencias y dinámicas poco sanas. Pero claro, eso no se cuenta en los reels.

    Y aquí es donde la frase empieza a hacer aguas.

    Porque cuando decimos que “el amor no tiene edad”, en realidad debería significar algo bastante distinto: que puedes enamorarte en cualquier etapa de tu vida. A los 20, a los 40, a los 70. Que el deseo, el afecto y los vínculos no caducan.

    No que todo valga.
    No que desaparezcan los límites.
    No que se puedan normalizar relaciones donde hay desigualdades evidentes o, directamente, donde se cruzan líneas legales y éticas básicas.

    Pero eso no es lo que se está defendiendo en ciertos discursos.

    Porque en paralelo a ese imaginario romántico, cada vez circula más un relato que insiste en que los hombres, especialmente a partir de cierta edad, deberían buscar mujeres bastante más jóvenes. No como algo casual, sino casi como estrategia vital. Y lo interesante no es solo la preferencia —que cada cual haga con su vida lo que quiera— sino cómo se justifica. Porque ojo, ahí está la trampa.

    Se apela constantemente a la biología: fertilidad, capacidad reproductiva, “naturaleza”. Todo muy científico… hasta que miras un poco mejor. Se habla mucho del reloj biológico femenino, pero muy poco de cómo la edad también impacta en los hombres. La calidad del esperma baja, aumentan riesgos… pero eso, curiosamente, desaparece del discurso. Qué conveniente, ¿no?

    Y ahí aparece el primer problema: reducir a las personas —en este caso a las mujeres— a su capacidad reproductiva. Como si el valor en una relación se midiera en términos de potencial biológico. Como si fuéramos úteros con patas. Fantástico.

    Pero hay algo más profundo aún.

    Este tipo de discurso no solo establece una preferencia por la juventud. Define, en realidad, un modelo muy concreto de “mujer válida”. Una mujer que cumpla ciertos requisitos: joven, fértil, atractiva según cánones normativos, con poca “mochila”, con una sexualidad que no incomode… y, por supuesto, dentro de los márgenes de lo que se entiende como mujer en su versión más normativa: cis, hetero, blanca, delgada, disponible pero no demasiado.

    Y no, esto no es un “equilibrio imposible” sin más.

    Es un sistema de exigencias que, casualmente, siempre coloca a las mujeres en una posición de evaluación constante. Siempre a examen. Siempre a punto de “perder valor”. ¿Demasiado joven? Ingenua. ¿Demasiado mayor? Ya no vales. ¿Mucha experiencia? Problema. ¿Poca? También. ¿Te sales de la norma? Fuera directamente.

    ¿De verdad alguien cree que esto es casual?

    Es una lógica profundamente machista que necesita que las mujeres nunca sean suficientes para sostenerse. Porque una mujer que se sabe suficiente es mucho más difícil de controlar, de jerarquizar y de descartar.

    Y esto no es anecdótico.

    Porque cuando se empieza a hablar en términos de “valor” —hombres de alto valor, mujeres que “valen más” o “valen menos”— lo que se está haciendo es aplicar una lógica de mercado a las relaciones. Clasificar, jerarquizar y descartar. Como si fuéramos productos. Como si el afecto cotizara en bolsa. Como si fuéramos un coche que pierde valor por su kilometraje. ¿Perdona? ¿En qué momento nos pareció normal hablar así de las personas?

    El segundo problema es más sutil, pero más relevante: el poder.

    Cuando este discurso se desarrolla un poco más, empiezan a aparecer otras ideas. Que las mujeres de su edad son “complicadas”. Que tienen “mochila emocional”. Que “exigen demasiado”.

    Y aquí conviene hacerse otra pregunta incómoda:
    ¿por qué y por quién se supone que tenemos esa “mochila”? Porque igual… y esto ya tal… tiene algo que ver con las cifras de violencia, abusos y relaciones desiguales que siguen siendo estructurales. Igual no es que las mujeres estemos “traumatizadas” por naturaleza, sino que vivimos en un contexto donde muchas han tenido que aprender —a base de experiencia— a poner límites, a detectar señales de alerta y a no tolerar según qué cosas.

    Pero claro, eso no encaja bien con el relato.

    Porque una mujer que ha pasado por procesos, que se ha cuestionado, que tiene herramientas emocionales y criterio propio… no es “fácil”. No es moldeable. No entra sin más en dinámicas donde una de las partes marca las reglas.

    Así que en lugar de preguntarse qué ha generado esas experiencias, se desacredita a quien las ha vivido. Más cómodo, dónde va a parar.

    Y entonces lo de “tienen mochila emocional” deja de ser una descripción y pasa a ser una estrategia: deslegitimar la experiencia para evitar tener que estar a la altura.

    Frente a eso, se idealiza a mujeres más jóvenes como más “adaptables”, menos “marcadas”, más “fáciles”. Es decir, con menos herramientas para cuestionar determinadas dinámicas. Y aquí ya no estamos hablando de preferencia, estamos hablando de ventaja.

    ¿Significa esto que todas las relaciones con diferencia de edad son problemáticas? No. Sería simplista. Hay relaciones diversas, y no todo responde al mismo patrón.

    Pero también sería bastante ingenuo ignorar que, cuando hay una brecha grande de edad, suelen existir diferencias importantes en experiencia vital, recursos y posición social. Y esas diferencias no son neutras. Influyen. Y mucho.

    En este contexto, ciertas frases cobran otro sentido. Por ejemplo: “eres muy madura para tu edad”.

    No es un halago inocente. Es una forma de generar conexión rápida, de hacerte sentir especial, de colocarte en un lugar distinto al resto. Y, en ocasiones, de diluir la propia diferencia de edad. ¿Siempre es manipulación consciente? No. ¿Es un patrón que aparece una y otra vez en relaciones desiguales? También.

    Al final, la cuestión no es si alguien puede enamorarse de alguien más joven. Claro que puede.

    La cuestión es por qué necesitamos construir todo un relato —biológico, casi ideológico— para justificar esa preferencia. Y qué tipo de relaciones estamos normalizando cuando lo hacemos. Porque cuando empezamos a disfrazar de “natural” lo que en realidad son dinámicas de poder, conviene parar un momento.

    Y preguntarse cosas incómodas.

    ¿Estamos hablando de amor… o de control?
    ¿De conexión… o de acceso desigual?
    ¿De deseo… o de dominación suavizada con palabras bonitas?

    Porque cuando el vínculo se sostiene sobre una idea muy concreta de qué es una “mujer válida”, y sobre una diferencia que favorece sistemáticamente a una de las partes, quizá ya no estamos hablando solo de amor.

    Estamos hablando de normas, de jerarquías… y de quién queda dentro y quién queda fuera. Y eso, por mucho que lo envuelvan en biología, no tiene nada de neutral.

    Tiene mucho de machismo.
    Tiene mucho de desigualdad.
    Y en algunos casos, sí, también tiene demasiado de ilegal como para mirar hacia otro lado.

     

    -Propiedad de MdeMalva

  • La sonrisa

    La sonrisa

    Como espectadora de las actividades realizadas en un CEIP de Elche, he observado que las niñas pequeñas de educación infantil eran capaces de mantener su estado de enfado, rabia e indignación, de una forma mucho más expresiva y firme que la que demostraron las adolescentes de cursos superiores, que, en su mayoría ante sentirse amedrentadas, buscaban la risa nerviosa y el refuerzo en comentarios por lo bajo con sus compañeras.

     

    En una de las estaciones se llevaba a cabo un juego donde se representaba la desigualdad laboral entre hombres y mujeres. El monitor responsable de la estación tenía el objetivo de hacerlas reflexionar a ellas sobre cómo opera el machismo y el patriarcado a través de pruebas en total desigualdad frente a sus compañeros varones.

     

    ¿Y qué ocurrió? Lo que he detectado es que las alumnas de infantil se daban mucho más permiso a sí mismas para sostener su enfado. Mostraba la indignación con total libertad y me llamó la atención que las alumnas de cursos superiores como de 4, 5, 6 tenían una actitud complaciente.

    ¿Cuál es mi opinión desde la perspectiva de género?

     

    Creo que la forma en que las mujeres son socializadas desde la infancia las obliga a responder con complacencia ante las situaciones incómodas.

     

    La sonrisa incómoda, la risa nerviosa, la estupefacción y parálisis ante la forma en que el monitor interpretaba el papel de un jefe machista fue clave en el desempeño de los últimos cursos.

     

    Está peor visto que una mujer reaccione/responda ante sus incomodidades porque se utilizan sobre ellas palabras como; Qué quejica, enfadica, muy sensible, exagerada, etc.

     

    A las niñas más socializadas (últimos cursos) les da vergüenza expresar su rabia o su indignación. Su respuesta, aunque estuve incentivándolas de forma activa a quejarse e imponerse se lo tomaban a broma, ni siquiera mostrando interés en el espíritu competitivo frente al grupo de sus compañeros varones.

     

    Me ha resultado llamativo y quería compartirlo.

    -Propiedad de Flor Pachioli

  • Intensidad ilimitada

    Intensidad ilimitada

    Siempre ganas.

    Puedo detectar cuando llegas, cómo te instalas, qué quieres de mi.

    Sé cómo actúas, qué caminos me haces elegir.

    Debería saber cómo frenarte y atar tu ira desplegada sobre mi.

    Debería pararle los pies, saber decidir y actuar en consecuencia, 

    pues ya sé incluso lo que voy a pensar cuando te vayas.

    Imprudente, alocada, temeraria, impúdica y destructiva.

    Veo tu sombra asomar y me repito mil y una veces: ‘Ahora no, porfavor’.

    Pero tú, siempre me ganas y te quedas.

     

    Cuánto más te conozco, más me manejas. 

    Cuánto más te entiendo, más me aterras.

     

    Propiedad de MdeMalva

  • Diógenes

    Diógenes

    Eres un animal sediento de conocimiento.

    Conocimiento efímero, mecánico, desintegrado.

    Tenías tanta fuerza y tantos respaldos.

    Hombre de apegos y milagros.

    Al final te acogí en mi regazo.

     

    Explorarabas mi biblioteca, mis recuerdos y mis miedos.

    Arrancabas páginas de un libro aún por escribir, pero ya contado.

     

    “Pobre animal desenfrenado” -culpaba yo al patriarcado.

    “Siempre acabo abandonado” -decías como apuñalado.

     

    Mis virtudes se convirtieron en tus miedos.

    Me llamabas revolucionara y me querías libre;

    libre de mis amistades, libre de mis decisiones,

    libre de mis pensamientos, libre de mis aficiones.

     

    Me hiciste creer que era tuya,

    saco de boxeo, sirvienta y puta.

    ¿Yo? síndrome de Diógenes, 

    ¿y tú? tú, basura.

     

    Manipulaste mi verdad para ejercer tu maldad.

    Fuiste tan ruin, tan rastrero…

    Ojalá reventases por dentro.

     

    En tu boca: palabras de igualdad.

    En tus actos: opresión y crueldad.

     

    ¿De verdad te ha importado algo que no sea tu falo alguna vez?

    ¿Realmente quieres cambiar y ayudar?

     

    Ve a terapia y a mi,

    déjame en paz.

     

     

    Propiedad de MdeMalva

  • Por ser mujer

    Por ser mujer

    Fóllame.

    Vi*lame

    Haz conmigo lo que desees.

    Llámalo desahogo sexual, culpa al alcohol, señala tu inocencia.

    Mi cuerpo no responde y no responderá contigo delante (encima, sudado y pesado).

    Dime que me amas al oído.

    Adelante, puedes pegarme, insultarme e incluso descartarme. 

    Acaricia a la mujer de tu vida; la más guarra de todas tus putas. 

    Escúpeme el corazón. 

    Araña mi espalda con la cera ferviente de las velas.

    Se refleja en la pared una mujer atada.

    Tírame del pelo, extirpa mi voluntad .

    A cuatro patas, azota mi miedo.

    Viola mi infancia con juegos de adultos. 

    Juguemos a ser niños inocentes que simplemente se miran.

    Juguemos a ser niñas que impúdicas y obscenas se pierden.

    Prométeme que no me va a doler mientras grito que pares.

    Para, bésame la frente, has terminado y con eso llega el final.

    Lánzame el condón, colmado y andrajoso, a la cara. 

    Prométeme que jamás habías conocido a nadie tan especial.

    Pídeme que confíe en ti. Cuando lo haga no me falles: hazme daño.

    Frota tu cuerpo sobre mis inseguridades, hazme perecer.

    Estoy a punto, no pares.

    Me corro y hago un squirt de lágrimas.

    Me retuerzo en la ducha, el agua me quema la piel.

    La cama será más cómoda, allí podrás humillarme mejor.

    ¿Satisfayer? Eso no sirve para succionar la mugre que dejaste en mi.

    Acércate. Desnúdame. 

    Ríete de mis rincones favoritos y hazme enloquecer.

    Tropecemos; te quito el cinturón. No podemos más, necesito follar(te).

    Llámame torpe, apártame a empujones. Reprocha que no esté húmeda.

    Dame de beber tu copa. Una, otra y así hasta casi vomitar. Me siento extraña. Despertamos desnudos; en la mesilla, una pastilla del día después junto a un vaso de agua. “Buenos días cari”.

    Eres especial, me haces sentir seguro, contigo puedo experimentar (lo que experimento con las otras diez). Ginecología, llamada telefónica: debe visitarnos, es urgente: ETS.

    Esto es amor, algo que los adultos nunca podrán comprender.

    Te necesito.

    Te quiero.

    Te amo.

    Fóllame.

    Vi*lame,

    Pues soy tuya, por ser mujer…

     

    -Propiedad de MdeMalva

  • Naranja

    Naranja

    ¿Cómo empiezo?

    ¿Cómo se explica todo esto?

     

    Es una falsa seguridad, bastante insegura, implantada en mí.

    Todas las personas que me rodean están en mi contra,

    me desean,

    me quieren, me cuidan,

    me abandonan.

     

    Quizá solo me quieran exprimir,

    como a las naranjas

    hasta que no quede una mísera gota de mi ser. 

    Quizá luego marchen y me dejen tirada en un lugar oscuro e incómodo, maloliente. 

    Allí me pudriré y evaporaré hasta quedar seca, dura, fría, arrugada.

     

    Necesito que me escuchen, sin pedir perdón, por gritar libertad.

    Necesito que entiendan que “esto” soy yo.

    Que no se trata de un “pobre de mí”.

     

    Me construyo y reconstruyo en cada puto golpe.

    Intento ser crítica (que no cínica). 

    Analizar cada palabra, cada gesto y cada sentimiento consume mi cordura. 

    Planteo tantas perspectivas, tantos puntos de vista, tantas posibles sensaciones…

     

    Pierdo el rumbo.

    ¿Por dónde iba?

     

    Cada día siento más lejanía conmigo misma.

    No pertenezco a aquello que llaman mi nombre.

    Sin embargo, cada vez me siento más unida a algo que me aterra.

    Me miro al espejo y me cuesta constatar cada centímetro;

    ¿Lo que se refleja pertenece a esta voz (semi)consciente?

     

    No quiero estar enferma.

    Quiero ser “normal” sea lo que sea la normalidad.

    Pero ¿qué coño es normal?

    Me lo pregunto tantas veces.

     

    ¿Quién coño es esa?

    Solo sé que convivo con ella en un cuerpo,

    que a veces me hace sentir orgullo, 

    otras, vergüenza.

    Pero yo no soy.

    Entonces, ¿dónde estoy?

    ¿quién soy?.

     

    Quizá sea simplemente eso:

    una naranja.

    Mi naranja.

     

    -Propiedad de MdeMalva

  • ¿Perfectas en el duelo?

    ¿Perfectas en el duelo?

    Hay como una obsesión rarísima con hacer “bien” los duelos cuando se acaba una relación. ¿Lo habéis notado? Como si hubiera un manual universal donde se reúne lo que es correcto e incorrecto hacer; que si tienes que esperar X meses antes de volver a conocer a alguien, que si no puedes estar con otra persona “demasiado pronto” porque entonces no has sanado, que si toca pasar sí o sí por una etapa de soledad casi espiritual contigo misma… y sinceramente, suena más a norma patriarcal que a una realidad.

    Porque luego la vida no funciona así de ordenada. Hay gente que necesita aislarse, parar, reconstruirse en silencio. Y hay gente que sana hablando, saliendo, conociendo a otras personas o incluso volviendo a ilusionarse rápido. Y ninguna de esas formas es más “correcta” que la otra.

    El duelo no es una checklist. No es lineal, no es limpio y desde luego no es comparable. Puedes echar de menos a alguien y a la vez sentir alivio. Puedes estar triste y al mismo tiempo querer seguir con tu vida. Puedes necesitar estar sola… o todo lo contrario. Y nada de eso invalida tu proceso.

    Lo peligroso de estas ideas de “hacer bien el duelo” es que muchas veces acaban generando culpa. Como si por no encajar en ese ideal de persona que se retira un año a reflexionar ya lo estuvieras haciendo mal. Como si hubiera una forma más digna o más profunda de sentir.

    Y no. Cada persona tiene su ritmo, su historia, sus heridas y sus formas de recomponerse.

    Hay quien necesita tiempo, hay quien necesita movimiento. Hay quien se rompe en mil pedazos y hay quien simplemente sigue caminando con una grieta más.

    Al final, el único “duelo correcto” es el que no te violenta a ti misma.

    El que no haces para cumplir expectativas ajenas, sino porque es lo que necesitas, aunque no encaje en lo que te han dicho que debería ser. Porque no hay una única manera de cerrar algo… igual que tampoco hay una única manera de haberlo vivido.

  • Aula Violeta

    Aula Violeta

    🟣 Aula Violeta se consolida en Elche como modelo educativo para la igualdad en centros escolares

    La Asociación de Mujeres Vecinales de Elche continúa desarrollando el proyecto Aula Violeta / Responsables, una iniciativa educativa orientada a la promoción de la igualdad de género y la prevención de la violencia machista desde edades tempranas.

    El proyecto, subvencionado por el Ayuntamiento de Elche, supone una evolución del modelo tradicional basado en intervenciones puntuales, apostando por una presencia continuada en los centros educativos y un enfoque estructural que implica a toda la comunidad educativa.


    🟣 De la intervención puntual a un modelo estructural

    Durante años, el trabajo en igualdad en los centros educativos se ha desarrollado principalmente a través de talleres aislados. Si bien estas acciones son necesarias, la experiencia acumulada ha evidenciado sus limitaciones.

    Aula Violeta nace como respuesta a esta realidad, incorporando la figura de la Promotora de Igualdad de Género (PROMIG) y desarrollando un modelo basado en la continuidad, el acompañamiento y la intervención sostenida en el tiempo.

    Este enfoque permite generar procesos educativos reales, adaptados a las necesidades del alumnado y alineados con el contexto actual.


    🟣 Intervención en centros: consolidación del modelo

    Durante el curso 2024/2025, el proyecto se implementó en el CEIP La Marina, permitiendo testar y consolidar el modelo de intervención continuada.

    En el curso actual, Aula Violeta se desarrolla en el CEIP El Toscar, ampliando su alcance e incorporando nuevas herramientas pedagógicas y espacios de participación.

    Entre las principales actuaciones destacan:

    • Sesiones educativas sobre igualdad, diversidad, autoestima, cuerpo y sexualidad
    • Creación de espacios seguros como buzones anónimos, donde el alumnado puede expresar dudas e inquietudes
    • Implementación de Red Points, facilitando la educación menstrual y la normalización de procesos corporales
    • Espacios de reflexión grupal y acompañamiento
    • Trabajo con familias mediante encuentros y espacios formativos
    • Coordinación con equipos docentes y orientación educativa

    La experiencia en las aulas pone de manifiesto la aparición temprana de dudas relacionadas con la sexualidad, las relaciones y la influencia de contenidos digitales, lo que refuerza la necesidad de una intervención educativa continuada, accesible y rigurosa.


    🟣 Equipo y trabajo en red

    El proyecto Aula Violeta está coordinado y desarrollado por:

    • María Maturano Ruiz (Mdemalva)
      Técnica de la Asociación de Mujeres Vecinales de Elche, Promotora de Igualdad de Género y creadora del proyecto Aula Violeta, responsable de su diseño, implementación y coordinación

    Cuenta además con la colaboración de profesionales y entidades especializadas:

    • Sonia Pizana, psicóloga sanitaria, experta en adicciones y sexología
    • Sonia “La Incómoda”, trabajadora social y sexóloga
    • Letra Violeta, Asociación de Escritoras Ilicitanas
    • FERYA – IREFREA, prevención en adicciones en contextos familiares y comunitarios
    • Escuela Menstrual de Qhali Kay, educación menstrual y salud
    • Sensex, educación afectivo-sexual
    • Eventos La Marcheta y Espai Dinamic, dinamización comunitaria

    Este trabajo en red permite abordar la educación en igualdad desde un enfoque integral, conectando la intervención educativa con la salud, la prevención y el trabajo comunitario.


    🟣 Una respuesta educativa a una realidad compleja

    La experiencia acumulada en las intervenciones pone de manifiesto la influencia de factores como las redes sociales, los contenidos pornográficos o los modelos de relación basados en la desigualdad, que impactan en edades cada vez más tempranas.

    En este contexto, Aula Violeta se configura como una herramienta clave para:

    • Fomentar el pensamiento crítico
    • Promover relaciones igualitarias y saludables
    • Prevenir la violencia de género desde edades tempranas
    • Acompañar el desarrollo afectivo-sexual del alumnado

    🟣 Hacia una educación en igualdad estructural

    Desde la Asociación de Mujeres Vecinales de Elche se defiende la necesidad de avanzar hacia la integración de este tipo de programas dentro del sistema educativo, garantizando su continuidad y su impacto real.

    La educación en igualdad no puede depender de acciones puntuales, sino que requiere presencia, coordinación y compromiso institucional.


    🟣 ¿Quieres apoyar o formar parte de Aula Violeta?

    Aula Violeta sigue creciendo gracias al apoyo de la comunidad.

    Si quieres sumarte al proyecto, puedes hacerlo de diferentes formas:

    👉 💜 Apoyo rápido (1 min)
    👉 🤝 Colaboración profesional o entidad

    Cada forma de participación contribuye a fortalecer el proyecto 💜

  • Nuestra historia

    Nuestra historia

    En el tranquilo pueblo de Elche, donde las calles eran testigos de la vida cotidiana y las vecinas compartían sus días en los encuentros de las asociaciones vecinales, había un silencio que pesaba sobre los temas que afectan a las mujeres. La década de los 90 en España veía un movimiento vecinal activo, pero la participación femenina en las discusiones sobre temas críticos, como la salud, la violencia de género y la desigualdad, era sorprendentemente escasa.

     

     

    Un día de verano, cuando el calor abrazaba las calles de Elche, un grupo de mujeres decididas a cambiar esa realidad se reunieron. Eran mujeres provenientes de diversas asociaciones vecinales de la ciudad, cada una con sus propias experiencias y vivencias. Juntas, formaron una alianza que cambiaría la historia local: nació la asociación Mujeres Vecinales de Elche.

     

     

    Era el 24 de junio de 1994, una fecha que quedaría marcada en la memoria de estas mujeres. La Junta Directiva se formó con nombres como María Antón Martínez, Rosa Amorós Vicente, Asunción Martínez Maciá, Ma Carmen Bailén Muñoz, Antonia Laguna Maestre, Lola Gonzalvez Pomares, entre otras valientes mujeres. Cada una aportaba su energía y determinación a la causa.

     

     

    Desde el inicio, la asociación se unió al movimiento nacional, Mujeres Vecinales España, con objetivos claros y ambiciosos. Querían propiciar la participación de las mujeres en todos los ámbitos de la sociedad, defender la igualdad sin discriminación de género, fomentar el asociacionismo femenino y ser voceras ante las Administraciones en temas relacionados con las mujeres.

     

     

    Las actividades de Mujeres Vecinales Elche se multiplicaron, abarcando áreas fundamentales como la salud, la violencia de género, la desigualdad, la coeducación, el asociacionismo, el ocio y la creación de material didáctico. No tardaron en convertirse en un referente en la ciudad, realizando charlas, coloquios, talleres, campañas y actos formativos.

     

     

    En 2000, la asociación lanzó una campaña innovadora y valiente: ‘Elche: 365 días contra la violencia de género’. El objetivo era claro: sensibilizar a la ciudadanía y reconocer a las mujeres que, de manera anónima, luchaban contra las violencias machistas en los diferentes barrios de Elche.

     

     

    No se limitaron a la concientización; Mujeres Vecinales Elche se convirtió en acusación popular en casos de violación, violencia de género y parricidio. Su compromiso con la justicia y la erradicación de la impunidad se hizo evidente.

     

     

    A lo largo de los años, la asociación recibió diversos premios y reconocimientos, destacando su labor en la comunidad. Pero no se conformaron; adaptaron sus estrategias y adoptaron nuevas formas de visibilizar su trabajo a través de una página web y redes sociales.

     

     

    Este relato no se limita a una cronología de eventos, ni se encierra en premios y reconocimientos. Es una narrativa viva, marcada por la fuerza colectiva de mujeres que se han unido para desafiar la inercia y construir un futuro más igualitario.

     

     

    En el presente, Mujeres Vecinales Elche sigue trabajando incansablemente. Con el 8M, el programa «Apunta’t a la Igualtat» que se ha transformado en “Donnes Asociades”, la BAE ‘Búsqueda Activa de Empleo’, y el proyecto ‘Responsables: por el buen trato’, la asociación sigue siendo un faro de cambio en Elche. Esta historia, lejos de ser un capítulo concluido, es un testimonio que ha fortalecido la esencia de la comunidad ilicitana. Se dirige no hacia un final, sino hacia un continuo compromiso. Es un llamado a seguir tejiendo juntas, a construir sobre los cimientos sólidos que han establecido.

     

     

    Mujeres Vecinales Elche mira hacia adelante, confiando en que su labor será aún más vital en los años por venir. En cada acción, en cada evento, están escribiendo un capítulo más en la historia de la igualdad y la justicia en Elche, convirtiendo sus sueños en realidad y su compromiso en legado.